Mi camino hacia la psicología comenzó mucho antes de iniciar mis estudios universitarios. A los 16 años, cuando empecé mi andadura como entrenador de balonmano, descubrí una realidad que hasta entonces no había comprendido del todo: la cantidad de dificultades personales y familiares a las que puede enfrentarse un niño. Situaciones como el divorcio de los padres, el acoso escolar, la violencia familiar o la pérdida de un ser querido me hicieron tomar conciencia de la importancia de la salud emocional desde edades tempranas. La frustración de querer ayudar y no disponer de las herramientas necesarias fue lo que despertó en mí la vocación por la psicología.
A lo largo de mis cinco años de trayectoria profesional he trabajado con niños y adultos con discapacidad intelectual, trastorno del espectro autista (TEA) y dificultades graves de conducta. Estas experiencias me han enseñado que cada persona tiene una forma única de sentir, comunicarse y relacionarse con el mundo, y que comprender su historia es fundamental para poder acompañarla de manera adecuada.
Mi forma de trabajar se basa en el enfoque cognitivo-conductual, combinando el rigor profesional con algo que considero imprescindible: crear un vínculo cercano y de confianza que permita a cada persona sentirse escuchada, comprendida y segura para expresar sus inquietudes.
Creo que detrás de cada conducta, emoción o dificultad hay una historia que merece ser entendida, no juzgada. Por eso, mi objetivo es ofrecer un espacio de confianza desde el que podamos comprender qué está ocurriendo, desarrollar herramientas para afrontar las dificultades y favorecer cambios que mejoren el bienestar y la calidad de vida de cada persona.
Mi formación incluye el Grado en Psicología por la Universidad del País Vasco, el Máster en Neuropsicología Clínica y el Máster en Psicología General Sanitaria, ambos por la Universidad Internacional de Valencia. Esta preparación me permite integrar conocimientos sobre los procesos cognitivos, emocionales y conductuales para comprender las dificultades desde una perspectiva amplia e individualizada.
Mi trayectoria profesional comenzó en AMADIBA, donde trabajé durante tres años en el Área de Intervención en Conductas Complejas (AICOM), atendiendo a niños y adultos con discapacidad intelectual y problemas graves de conducta. Actualmente, trabajo en ASNIMO, en el Colegio Princesa de Asturias, acompañando a alumnado con TEA y discapacidad intelectual. En ambos contextos, el trabajo multidisciplinar ha sido fundamental, colaborando con familias, profesionales sanitarios y otros centros residenciales y educativos para ofrecer una intervención coordinada y adaptada a las necesidades de cada persona.
Pero mi historia no se explica únicamente a través de la psicología. Antes de descubrir mi vocación, cursé un grado medio y un grado superior, mientras el balonmano ocupaba una parte importante de mi vida, llegando a competir en Primera División. Ese recorrido me enseñó el valor del esfuerzo, la constancia y el trabajo en equipo, pero, sobre todo, me permitió conocerme mejor y descubrir qué quería hacer con mi vida.
Hoy entiendo que no haber seguido el camino más directo no significa haber perdido el tiempo. Cada etapa me aportó experiencias y aprendizajes que forman parte del profesional que soy y de mi manera de entender a las personas. Porque tomar el camino más largo no significa haberse equivocado; a veces, es precisamente ese camino el que te permite ganar perspectiva, conocerte mejor y descubrir qué es lo que realmente quieres.
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